Mis abuelos tenían cabras. Y un c.abrón. Era un bicho tremendo, según mi madre.
Mi abuelo salía todos los días con las cabras y el c.abrón al monte, a que comieran hierba fresca. Era un rebaño bastante grande, que daba para que mis abuelos y sus cuatro hijos vivieran bastante bien...para los tiempos que corrían.
Yo me imagino al abuelo entre las salvias, los tomillos, la sardinilla y el espliego. Incluso hoy en día en que hemos perdido el norte y la limpieza de los montes consiste en arrasar con todo lo que crece bajo los pinos, hoy, todavía puedo pasear entre esas plantas y oler esos mismos aromas.
Por eso no me cuesta imaginar al abuelo.
Mi madre me contó que le llevaba el almuerzo al abuelo todos los días. Subía por el camino de la Matacara con el cesto. A lo mejor canturreando. A lo mejor dando palos a las moscas...otra vez se mete mi imaginación.
Era un día como cualquier otro, pero ese día el c.abrón se había levantado con el pie izquierdo. O las moscas estaban mas pesadas que de costumbre. No lo se, pero ese día el c.abrón arrancó con toda su mole hacia mi madre que subía por el camino, y del topetazo que la dió, la hizo caer terraplén abajo.
Debió de ser mas grande el susto que el daño, porque mi madre me ha podido contar esta historia en primera persona. Pero mi abuelo, que quería a sus hijos como sólo un buen padre puede quererles, se puso fuera de sí. Se puso a dar palos al pobre c.abrón hasta tal punto, que temiendo matar al bicho a palazos, y para apagar su rabia, no se le ocurrió otra cosa que ¡¡¡¡
morderle!!!!
Mi madre no sabía si reir o llorar.
P.D. Hay palabras que pueden tener varios significados. En este caso c.abrón evidentemente es el macho de la cabra, como así aparece en la sexta entrada del diccionario de la lengua española de la R.A.E. Así lo llamaba mi madre al contarme esta historia. Y así lo cuento yo.
Debido al corrector automático que impide escribir palabras consideradas soeces, he tenido que meter un punto entre medias de la palabra.